noviembre 20, 2008

Huellas de tradición II


Buscando un restaurante en el pueblo de Xilitla, me acerqué a un hombre que estaba de pie junto a una Ermita, de esas que ponen en la calle. Cuando lo vi de frente me percaté de que estaba en oración, obviamente me dió mucha pena haberlo interrumpido, pero amablemente nos proporcionó los datos que le pedíamos. Uno siempre pensaría que el templo es el lugar indicado para la oración, pero aquél hombre nos señaló lo contrario. Aún en la calle uno puede entablar ese diálogo con Dios.


Y tú, ¿Qué tanto platicas con Dios?

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